Guerra en Afganistán: Militarmente Simple, Políticamente Muy Compleja

La guerra en Afganistán ha creado un nuevo escenario que si bien su objetivo militar – dejar “ciego” al enemigo- no debiera presentar obstáculos, éstos sí se anuncian en el terreno político. Arriagada analiza ambos planos, haciendo un atractivo recuento de un campo de batalla moderno dominado por el uso y posesión de las “armas inteligentes”, el que determina que un eventual fracaso de la operación militar en Afganistán no provendría de hechos militares sino de errores políticos. Y uno de ellos está dado por una acción militar que si bien persigue hacer un caso de “pedagogía siniestra” – que haga palpable el precio que un régimen puede pagar por este tipo de actividades- se equilibre con una política no agresiva hacia el mundo musulmán, la segunda religión más populosa del planeta (uno de cada cinco habitantes de la Tierra es musulmán) y haga posible una coalición antiterrorista con participación de naciones musulmanas. Golpes simultáneos contra varios Estados musulmanes crearían la idea de que se trata de un ataque contra el mundo islámico y podrían conducir a quebrar la coalición y a desestabilizar un régimen precario como el de Pakistán. Los problemas políticos también está en los riesgos que significa hacer construido una alianza que no es enteramente “noble” ya que algunos de sus miembros se han incorporado en defensa de sus dictaduras o regímenes corruptos. Un factor que más luego que tarde tendrá importancia.

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