El país de las reformas interminables

Muchas de las denominadas reformas, en rigor, nunca lo han sido. ¿Por qué?

Porque en la política nacional -e, incluso, en la cultura nacional- hay una inclinación al uso de un lenguaje hiperbólico, de acuerdo al cual el empleo del término “reforma” alude a un marco muy amplio de cambios, se correspondan o no al rigor del concepto o a su definición.

Porque durante el curso de la transición se fue consolidando un concepto aguado de reforma que se refiere, preferentemente, a realizaciones puntuales y compensatorias de las involuciones heredadas del régimen militar.

Porque no es difícil encontrar procesos de reformas que no apuntan hacia la creación o recreación de algún tipo predefinido de sistema o subsistema o cuya orientación es errática o ecléctica y, por consiguiente, obliga a una frecuente reforma de la reforma.

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