Los gobiernos de la Concertación han tenido éxito en reducir la pobreza, hasta el extremo que los llamados indigentes prácticamente han desaparecido y se discute la conveniencia de crear nuevas categorías para calificar a los “pobres”, con el fin de poder focalizar adecuadamente las políticas públicas.
No ha ocurrido lo mismo con la desigualdad, terreno en el cual los resultados son magros. Hoy, Chile es un país profundamente desigual según todos los indicadores estadísticos, lo que también se expresa en las vivencias al interior de la sociedad: se “siente” en las más variadas manifestaciones de la existencia. No cabe duda que es la principal deuda social de los cuatro gobiernos.





