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Dignidad en la nueva Constitución

¿De qué hablamos cuando hablamos de Dignidad? ¿Por qué es relevante el concepto de dignidad humana? ¿Cómo será abordado este concepto la nueva Constitución?

Mauricio Tapia, abogado y académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, en el informe 1421 de Asuntos Públicos, revisa el concepto de dignidad y analiza por qué tiene un papel importante, incluso, en los artículos iniciales de toda constitución. 

De esta manera, el autor argumenta que el concepto de dignidad “aun cuando difícil de definir, se trata de una expresión simbólica que, intuitivamente evoca las reivindicaciones contra la humillación: los abusos de los grandes grupos económicos, el sobreendeudamiento, los salarios exiguos, las terribles desigualdades de sociedades en las que la prosperidad (educación, salud, etc.) es un estado que aprovechan solo algunos”. 

Tapia expone, además, que la dignidad no solo está presente en las situaciones descritas, sino que también tiene un rol en debates que “subyacen concepciones filosóficas y religiosas acerca de la vida humana, su origen y su fin”. El abogado explica que en estos temas, “la dignidad se invoca con frecuencia para defender a la persona, en particular su cuerpo, pero también, paradójicamente, como un límite a las propias decisiones de las personas, un límite a su autonomía”. 

Y agrega que “es una dignidad, por tanto, que se invoca, por una parte, en favor de los derechos de la persona adeudados por la humanidad y, por otra, en nombre de la humanidad que exige que las personas no degraden la condición humana”. El académico hace énfasis en que la dignidad -en la filosofía moderna- pasa a ser un “derecho inalienable” de la persona y ya “no se concibe como virtud de un dignatario, es decir, asociada a un cargo, título o jerarquía”.

El abogado aborda, además, la relación entre el estallido social y la nueva Constitución, explicando que la frase “hasta que la dignidad se haga costumbre” era una de las más repetidas entre los manifestantes. Tapia recalca que “esto tiene mucho que ver con un tipo de trato generalizado en Chile: un trato vejatorio que comprende, sin duda, una acción estatal desnivelada, que no atiende las necesidades de los menos favorecidos (vivienda, salud, etc.), pero que también es una práctica de muchos entes privados”. 

En ese sentido, el académico complementa que en parte, el estallido social se produjo a raíz de ese ‘trato vejatorio’ que menciona; y ejemplifica que una de las referencias al concepto de dignidad -en palabras de los chilenos- es “el interés económico se superpuso a la dignidad humana”. Tapia, concluye que “la dignidad ‘tiene que ser costumbre’, tiene que ser la forma en que tanto el Estado como los entes privados traten a las personas”. 

En suma, explica que los límites jurídicos sociales de la dignidad o “ciertos conflictos entre la noción de dignidad humana como estatus y otros derechos constitucionales” resultan muy interesantes y también difíciles de responder. Argumentando que “son nudos y tal vez una de las dificultades sea que estos conceptos tienen un componente evolutivo importante”.  

Puedes leer el informe completo en el portal Asuntos Públicos del CED.